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El doble juego del FMI
Gabriel Flores
13-11-2012
Art�culo extra�do de www.nuevatribuna.es
El doble juego del FMI
Gabriel Flores | Economista
nuevatribuna.es | 28 Octubre 2012 - 18:31 h.

Aunque siguen siendo demasiados, cada vez son menos los economistas que consideran eficaces las medidas de recorte. La situaci�n de la econom�a espa�ola y el resto de pa�ses perif�ricos que han sufrido con mayor intensidad las pol�ticas de austeridad se ha deteriorado sin lograr solucionar nada: no se ha producido una reducci�n sustancial del d�ficit p�blico, los mercados tienen la misma desconfianza sino m�s sobre la capacidad de recuperaci�n de las econom�as del sur de la eurozona y los agentes econ�micos p�blicos y privados de estos pa�ses tienen mayores dificultades para financiarse y atender sus obligaciones.

D�a tras d�a, el desempe�o de la econom�a espa�ola muestra que el paro sigue aumentando, la recesi�n se prolonga y profundiza, los salarios reales caen, los bienes p�blicos y los derechos de la mayor�a se deterioran, el malestar de la poblaci�n aumenta y la desigualdad, la pobreza y la exclusi�n social alcanzan niveles insoportables. Y en paralelo, el clima sociopol�tico se enrarece, la confianza de la sociedad en sus representantes pol�ticos y en las instituciones se evapora y aparecen nuevas grietas en la ya muy debilitada cohesi�n social y territorial.

En medio de una situaci�n social en la que crecen la indignaci�n por lo que est� pasando y el miedo a lo que est� por venir, Rajoy sigue dosificando silencios y equ�vocos en sus relaciones con los centros de poder de la eurozona a la espera de que el chaparr�n amaine solo. El Gobierno del PP quiere creer que basta con reafirmar su compromiso de consolidaci�n fiscal y su voluntad de intensificar los recortes para conseguir los objetivos de reducir el d�ficit p�blico y recuperar la confianza de los mercados. Conf�a en que, en �ltimo t�rmino, la UE acabar� haciendo algo. Mientras tanto, como no encuentra argumentos ni soluciones para frenar el deterioro de la situaci�n socioecon�mica y pol�tica, promueve la descalificaci�n de las protestas ciudadanas, la intimidaci�n de los que se manifiestan y la criminalizaci�n, como escarmiento, de algunas personas que participan en las cr�ticas p�blicas a su gesti�n.

El �ltimo jarro de agua fr�a a las expectativas gubernamentales de que lo peor de la crisis es cosa del pasado lo ha echado el Fondo Monetario Internacional (FMI). En el �ltimo n�mero de Perspectivas de la Econom�a Mundial del mes de octubre de 2012, el FMI revisa a la baja sus anteriores previsiones sobre el crecimiento de la econom�a mundial y realiza un muy interesante ejercicio de revisi�n de la cuant�a del multiplicador fiscal que debilita a�n m�s la creencia en que las medidas de austeridad son un peaje ineludible para salir de la crisis.

Las nuevas previsiones del FMI se�alan que en 2013 el producto generado por la econom�a espa�ola experimentar� un nuevo retroceso del 1,3% (que se sumar�a al decrecimiento del 1,5% estimado para 2012). Comp�rense esas cifras con las ofrecidas por el Gobierno del PP: la Actualizaci�n del Programa de Estabilidad 2012-2015, del pasado 30 de abril, se�alaba para 2013 un min�sculo crecimiento del PIB de un 0,2%; y cinco meses despu�s, en el Escenario Macroecon�mico 2012-2013, publicado el 27 de septiembre, relajaba su optimismo y apuntaba una peque�a disminuci�n del 0,5%. Las nuevas previsiones del FMI confirman que tampoco se cumplir�n los objetivos de d�ficit p�blico acordados entre el Gobierno de Espa�a y las autoridades comunitarias (6,3% en 2012 y 4,5% en 2013), ya que los desequilibrios presupuestarios de las Administraciones p�blicas alcanzar�an un 7% del PIB en 2012 y un 5,7% en 2013.

Una de las claves del deterioro de las previsiones del FMI se encuentra precisamente en los nuevos c�lculos del multiplicador fiscal, entendido como el impacto negativo que tiene la reducci�n del saldo presupuestario estructural sobre la actividad econ�mica.

El multiplicador fiscal

Entre las p�ginas 47 a 50 de la publicaci�n del FMI mencionada antes aparece el Recuadro 1.1. �Estamos subestimando los multiplicadores fiscales a corto plazo?, del que son autores Olivier Blanchard -Consejero Econ�mico y Director del Departamento de Investigaci�n del FMI- y Daniel Leigh. En dicho recuadro se da cuenta de la evidencia emp�rica obtenida durante los a�os 2010 y 2011, procedente de 28 econom�as de pa�ses avanzados, que permite afirmar a los autores que los multiplicadores fiscales utilizados para generar pron�sticos de crecimiento de la actividad econ�mica han sido sistem�ticamente subestimados desde el comienzo de la Gran Recesi�n. Los multiplicadores fiscales reales se han situado en los a�os 2010-2011 entre 0,9 y 1,7 llegando a duplicar y hasta triplicar los utilizados en las previsiones de crecimiento del PIB formuladas por el FMI a principios de 2010.

Durante m�s de tres d�cadas, el FMI formul� sus previsiones de crecimiento de las econom�as avanzadas bas�ndose en multiplicadores fiscales de alrededor del 0,5 (lo cual implicaba que los recortes en el gasto presupuestario ten�an una incidencia peque�a sobre la actividad econ�mica) y sigui� utiliz�ndolos hasta principios de 2010, sin comprender hasta qu� punto la crisis hab�a intensificado los impactos negativos de las pol�ticas presupuestarias restrictivas sobre la actividad econ�mica.

�A qu� se debe ese incremento del multiplicador fiscal durante estos �ltimos a�os de recesi�n y estancamiento econ�mico?

La primera raz�n es muy clara. Los salarios se han mostrado desde 2009 muy sensibles a la presi�n que ejerce el creciente y muy alto n�mero de personas desempleadas. Tambi�n en la econom�a espa�ola los salarios se han reducido con intensidad y rapidez, lo que demuestra que el empleo no ha sido la �nica variable de ajuste, que el mercado de trabajo se ha comportado de forma muy competitiva y que no eran ciertas las razones que se alegaban, de rigidez del mercado laboral o de los salarios, para reclamar e imponer una mayor desregulaci�n.

La segunda raz�n no es menos evidente. Las empresas han intentado incrementar sus tasas de rentabilidad para elevar sus niveles de autofinanciaci�n y depender en la menor medida de lo posible del caro y muy escaso cr�dito que proporcionan bancos y dem�s mercados financieros. Los recortes de plantillas, costes laborales y gastos financieros han ampliado m�rgenes empresariales y tasas de rentabilidad que han sido utilizados para disminuir los elevados niveles de endeudamiento de las empresas. La inversi�n productiva se ha reducido con fuerza, alentada por el fuerte retroceso de la demanda y la baja utilizaci�n de las capacidades productivas, contribuyendo tambi�n a incrementar la liquidez de la que disponen las empresas y a reducir su dependencia de los mercados financieros.

La tercera raz�n se refiere a la evoluci�n de algunas variables nominales. El ajuste fiscal no se ha visto acompa�ada por una reducci�n de las tasas de inter�s que soportan los agentes econ�micos ni por una depreciaci�n significativa del euro que pudieran menguar o compensar los impactos negativos de los recortes presupuestarios sobre la demanda interna. Adem�s, el generalizado ajuste fiscal que realizan los pa�ses de la eurozona y la UE no contribuye a reactivar la demanda externa ni, como consecuencia, a que las exportaciones puedan compensar la ca�da de la demanda interna. Tampoco los reducidos niveles de inflaci�n ayudan a depreciar el euro o absorber una parte de la deuda p�blica y privada.

El conjunto de estos factores reales y monetarios ha ocasionado un incremento extraordinario del impacto negativo de las reducciones del gasto p�blico sobre el PIB, del que el FMI no se hab�a dado por enterado hasta ahora.     

Las consecuencias de la nueva estimaci�n del multiplicador fiscal

Cuanto mayor sea el multiplicador fiscal mayores dificultades y m�s costes, en t�rminos econ�micos y sociales, ocasionar�n la reducci�n del d�ficit p�blico y el avance del proceso de consolidaci�n fiscal. El FMI reconoce as�, en un recuadro firmado por el Director del Departamento de Investigaci�n, que los efectos negativos sobre la actividad econ�mica de los recortes y las pol�ticas presupuestarias restrictivas puestas en marcha en los �ltimos a�os, gracias entre otros factores a las presiones ejercidas por el FMI, han resultado mucho m�s contraproducentes que lo esperado, ya que adem�s de tener impactos muy negativos sobre la econom�a real (la actividad econ�mica, el empleo, la inversi�n productiva y el potencial de crecimiento) han obstaculizado la pretensi�n de reducir los desequilibrios presupuestarios con la intensidad y en los plazos comprometidos.

Cabr�a esperar la depuraci�n de alguna responsabilidad en la rectificaci�n de un error que no cabe considerar un simple ejercicio de honestidad intelectual (el reconocimiento de una estimaci�n equivocada) o un borr�n en la carrera profesional de un investigador. Se trata de un error anal�tico que lleva aparejada una grave responsabilidad pol�tica por parte de una instituci�n internacional que, bas�ndose en supuestos err�neos, ha avalado y contribuido a imponer unas medidas profundamente injustas y equivocadas y unos objetivos inalcanzables a pa�ses y ciudadan�as que siguen sufriendo sus devastadoras consecuencias.

En realidad, la rectificaci�n del error por parte del FMI no lleva consigo ning�n tipo de cr�tica a la ideolog�a neoliberal que defiende, contra todas las evidencias disponibles, el potencial expansivo de la austeridad y que sigue sirviendo de coartada intelectual a la estrategia conservadora de salida de la crisis. No s�lo no hay el menor atisbo de cr�tica a esa estrategia, sino que Blanchard se reafirma, en la Introducci�n de la mencionada publicaci�n del FMI, en la necesidad de mantener los planes de ajuste, por mucho que reconozca que representan un lastre para la demanda y, por tanto, para el crecimiento.

En el caso concreto de la econom�a espa�ola, el multiplicador fiscal impl�cito estimado por el FMI es de 1,0. Seg�n tal estimaci�n, una contracci�n fiscal del 1% implica una ca�da del PIB tambi�n del 1%. �Pero qu� suceder�a si ese multiplicador fiscal de la econom�a espa�ola calculado recientemente por el FMI fuera de nuevo err�neo y siguiera estando subestimado? Las consecuencias ser�an muy graves. Los retrocesos del producto en 2012 y 2013 ser�an mucho m�s intensos que el  decrecimiento del 1,5% y 1,3% en el PIB previstos por el FMI para este a�o y el que viene. El aumento del n�mero de personas paradas se intensificar�a y prolongar�a en el tiempo. Los recortes del gasto y la inversi�n p�blicos no podr�an traducirse en una disminuci�n del d�ficit p�blico, ya que la p�rdida de tejido econ�mico y empresarial provocar�a una ca�da intensa de los ingresos tributarios que impedir�a que los recortes del gasto p�blico concluyeran en una reducci�n significativa del d�ficit p�blico.

�Es el escenario descrito en las l�neas anteriores muy improbable? En absoluto. Patrick Artus, un reconocido e influyente economista franc�s (Director de Investigaci�n y Estudios econ�micos de Natixis), estima que en 2012 el multiplicador fiscal de la econom�a espa�ola es 1,7 (lo que significa que el impacto negativo de los recortes presupuestarios sobre la actividad econ�mica y el empleo ser�a mucho m�s importante de lo previsto por el FMI). De hecho, la previsi�n de decrecimiento del PIB que realiza Natixis alcanzar�a el 2,0% en 2012 y un 2,2% en 2013. Y el reconocimiento de su error por parte del FMI no habr�a servido para nada ni evitar�a el descalabro de la econom�a espa�ola y de los sectores sociales m�s vulnerables y m�s castigados por la crisis y los recortes.

El doble juego del FMI y sus debilidades

�A qu� juega el FMI al dar tanta relevancia a su error y a las nuevas estimaciones sobre los multiplicadores fiscales? Cabe considerar muy diferentes hip�tesis. En mi opini�n, la m�s plausible apuntar�a al intento de promover una t�mida matizaci�n de la estrategia basada en la austeridad extrema que se ha impuesto hasta ahora a las econom�as perif�ricas de la eurozona. Dicha estrategia ha fracasado rotundamente en los objetivos econ�micos que proclamaba y amenaza con terminar generando un conflicto social inmanejable en buena parte de los pa�ses del sur de la eurozona y con hundir en una  recesi�n prolongada al conjunto de la UE. Si no se produce ning�n cambio, los problemas de la eurozona acabar�an impactando y perjudicando al conjunto de la econom�a mundial y, como consecuencia, desacreditar�an por completo a las instituciones y los l�deres europeos.

 Ahora, el FMI parece propiciar una modificaci�n limitada y gradual de estrategia y que los ajustes presupuestarios aminoren su intensidad y se vean acompa�ados de reformas que supongan avances reales y visibles, especialmente en lo que se refiere a la uni�n bancaria, y de una mayor intervenci�n del BCE que alivie las presiones financieras que sufren las deudas soberanas de los pa�ses perif�ricos. El FMI trata de aumentar la confianza de los mercados en la viabilidad del euro y propugna un mayor equilibrio entre el ajuste fiscal y las medidas de reactivaci�n que permita vislumbrar cierta recuperaci�n de la actividad econ�mica y el empleo. Un ajuste fiscal m�s gradual y sostenible que sea compatible con alg�n grado de reactivaci�n econ�mica de los pa�ses del sur de la eurozona. De esta manera se propiciar�a o se podr�a obtener un mayor respaldo social para las pol�ticas de austeridad y recuperar parte de la legitimidad perdida por los partidos pol�ticos con responsabilidades de Gobierno que de forma tan temeraria han aceptado gestionar unas pol�ticas de austeridad destructivas y se han comprometido con unos objetivos de consolidaci�n fiscal imposibles de conseguir.

Una de las grandes dificultades que van a tener el FMI y los poderes que lo acompa�an en su pretensi�n de realizar un cambio no sustancial de la estrategia conservadora de salida de la crisis es que cualquier avance en su concreci�n debe considerar y cuidar los intereses electorales de Angela Merkel y los equilibrios internos entre las fuerzas que apoyan su reelecci�n. De ah� las precauciones con las que el FMI aborda la necesaria modificaci�n de la estrategia conservadora. Y de igual modo cabe valorar el ritmo lento, zigzagueante y a veces confuso que experimentan los acuerdos de la UE sobre la uni�n bancaria e, incluso, las idas y venidas que est�n caracterizando el nuevo rescate de la econom�a espa�ola.

El intento de moderaci�n del ajuste presupuestario que propicia el FMI, junto a otras instituciones y poderes, no va a resultar f�cil de llevar a cabo. El gran problema que deben resolver los que pretenden dulcificar los recortes es que la estrategia conservadora de austeridad, tanto en su versi�n m�s dura como en una nueva versi�n blanda, no puede ofrecer soluciones aceptables a las econom�as de los pa�ses perif�ricos ni a los muy amplios sectores de la juventud o las clases trabajadoras que pretenden un empleo decente. La estrategia de salida de la crisis basada en la austeridad no puede ofrecer a corto plazo ninguna buena noticia ni permite que la mayor�a de las sociedades de los pa�ses perif�ricos albergue ilusiones o esperanzas de mejora a largo plazo en sus condiciones de vida o trabajo.

El cambio real y la mejora de la situaci�n de la mayor�a de la sociedad pasan por trabar las pol�ticas de austeridad y deslegitimar la estrategia de salida de la crisis que sustentan las instituciones europeas y los mercados. Hay que hacer entrar en raz�n a la derecha europea. La huelga general del pr�ximo 14 de noviembre y las diversas iniciativas de movilizaci�n social que est�n en marcha ser�n �tiles si permiten ampliar y llevar m�s all� de sus per�metros actuales el rechazo de la ciudadan�a espa�ola y europea a los recortes presupuestarios y al deterioro de bienes p�blicos y derechos en los que siguen empe�ados las instituciones y los pol�ticos que nos mal gobiernan. El avance de una salida popular y progresista de la actual crisis econ�mica depende de la consolidaci�n de una ciudadan�a cr�tica y activa que acierte a involucrar a la mayor�a social en ese rechazo y a expresar de manera firme y argumentada su oposici�n a las pol�ticas de austeridad y recortes que se est�n imponiendo y a las instituciones y pol�ticos que las respaldan y avalan.




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